Por la boca muere el macho

 

 
En la Universidad de Albany, en Nueva York, han culminado un estudio científico sobre el beso


Dicho así, puede parecer que la ciencia es un cachondeo. Probablemente se lo pareció a los 1.041 estudiantes que, encantados de la vida, se presentaron voluntarios a los experimentos. Sin embargo, los resultados son sorprendentemente ricos. Detrás de un beso de tornillo hay milenios de evolución, mucho de Darwin y no poco de picaresca genética.

La conclusión más importante a la que han llegado en Albany es que lo que empezó como una técnica de cortejo ha acabado convirtiéndose en un método de espionaje. El beso, cuanto más húmedo y con más lengua mejor, es una base de datos bioquímica que la mujer procesa inconsciente, pero implacablemente: de ahí obtiene información sobre las condiciones físicas de cualquier candidato, así sea remoto, a padre de sus hijos. Por la boca muere el pez, y por la saliva el macho que no da la talla.


 
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