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Caballos
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El caballo (o yegua, usado para las hembras) es un mamífero perisodáctilo de la familia de los équidos. Animal herbívoro, cuadrúpedo y de cuello largo y arqueado. Originalmente domesticado en las estepas del Asia Central, su gran utilidad y alto valor militar propició que fuera adoptado en toda Eurasia entre los años 2.500 y 2.000 adC. Los exploradores europeos que incursionaron en América en el Siglo XVI lo llevaron consigo, logrando su adopción tanto por los pueblos nativos como por los asentamientos europeos. En la reproducción cada sexo alcanza la madurez sexual a los 3 años. El tiempo de gestación dura unos 11 meses y la hembra da a luz una sola cría (el nacimiento de gemelos es algo raro cómo los partos de 3 o más potrillos).

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Pura Sangre Árabe
 
Pura Sangre Inglés
 
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Tiro Danés
 
Trotón Francés
 
Waler Australiano
 

Algunos consejos para su Caballo

La cría de la especie caballar se ve afectada por numerosos agentes infecciosos, que pueden ser virales, bacterianos o micóticos. Estos pueden afectar a cualquier animal si no se toman las medidas necesarias para lograr un adecuado manejo dentro del recinto de crianza. La toma de medidas no sólo reduce la posibilidad de aparición de enfermedades infecciosas, sino que evita problemas como trastornos de crecimiento, abortos infecciosos, alteraciones nutricionales o de fertilidad, entre otros, que no son de carácter infeccioso.

Para disfrutar al máximo de la compañía de estos hermosos animales es necesario estar pendientes de las necesidades, tanto físicas como mentales, básicas y tomar medidas para satisfacerlas. El humano adquiere, desde el momento en que decide domesticar al caballo, la responsabilidad de cubrir todos sus requerimientos.

Alimentación:

El caballo necesita ser alimentado adecuadamente, pero la cantidad y la calidad de dicho alimento tiene efectos distintos en cada una de las categorías equinas. Esto se debe a que los requerimientos nutricionales varían de acuerdo a su especie, raza y grado de actividad. Es por eso que cada animal tiene un peso ideal determinado según su situación.

Si el caballo es alimentado correctamente, los problemas de salud serios como la anemia, la obesidad y la epifisitis, son prácticamente erradicados. Lo mismo sucede con las enfermedades infecciosas, las cuales tienen mayor injerencia en aquellos animales desnutridos o mal alimentados.

Los elementos fundamentales dentro de una buena dieta son: proteínas, hidratos de carbono, grasas, minerales, oligoelementos y agua. Las proteínas son adquiridas a través del pasto verde, del seco y de la soja; los carbohidratos son proporcionados al animal cuando se lo alimenta con avena; los aceites y vegetales constituyen el aporte de grasas; los minerales se encuentran en la alfalfa, el suelo de las pasturas y en las sales; y por último los oligoelementos como el magnesio, el potasio, el hierro, el cobre y el cinc, están contenidos en los suplementos alimenticios y en las denominadas "piedras de sal". El agua fresca y limpia es indispensable durante todas las etapas de la crianza del equino.

Alojamiento:

El caballo necesita de un espacio mínimo vital en el que se siente cómodo y de un predio con pastos naturales o sembrados al que tenga acceso. Esto le permite mejorar su estado físico, poder ejercitar sus músculos y articulaciones, y disminuir las condiciones de estrés que genera el hacinamiento en boxes.

Ya sea que se quiera mantenerlo en un box o en una caballeriza, será ideal que estos cuenten con las dimensiones adecuadas para cada categoría, de piso absorbente, liso, antideslizante, con drenaje, bien ventilado e iluminado, corrales de encierro amplios, galpones de servicio de fácil acceso y de fácil limpieza.

Un espacio reducido puede ocasionar que el caballo se eche y quede entrampado, ocasionando que el animal se lastime e incluso llegue a fracturarse.

Limpieza e higiene:

Los caballos en estado salvaje no necesitan que el hombre se ocupe de ellos, ya que se limpian entre sí de manera sencilla, frotándose mutuamente con los dientes, rascándose contra arbustos y troncos o revolcándose en la tierra.

Cuando el animal vive en un establecimiento especializado, debe ser cepillado para estimular la piel, limpiarla y proporcionar una mejor circulación sanguínea y calidad muscular. Una piel limpia puede excretar correctamente el sudor y los residuos del ejercicio y de una dieta concentrada.

Rasquetas, cepillos y franelas, son los elementos que utilizan los cuidadores para realizar el mejor cuidado del pelo. Es uso de un cepillo duro e útil cuando se quiere quitar el sudor seco, el barro y la suciedad. Luego con la ayuda de una almohaza de goma, se cepilla todo el cuerpo, con firmeza. Cada dos o tres pasadas se limpia el cepillo contra la almohaza. El cepillado debe realizarse siempre hacia atrás y hacia abajo.

Cuando se cepillan las crines, se las debe colocar hacia el lado contrario de caída y después llevarla nuevamente a su lado poco a poco con el cepillo desde la raíz. La cola debe ser cepillada mechón por mechón desde las puntas hasta la inserción o raíz.

Para limpiar los ojos, las fosas nasales y los labios, es necesaria una especie de esponja escurrida en agua tibia, que no deben ser mezcladas con la que se utilice para limpiar debajo de la cola y entre las piernas.

Para alisar el pelo se puede pasar por ña crin y por la inserción de la cola un cepillo mojado en las puntas. Por último con un paño o con una franela se puede dar brillo a la capa.

Medicina preventiva:

Para que nuestro animal goce de buena salud, es necesario llevar un buen control sanitario, que está a cargo del veterinario ayudado por el personal encargado. La función de este control es evitar una serie de problemas que se pueden entrar con la medicina preventiva. Los pilares del plan de manejo estarán dados por desparacitación interna y externa, cuidado dental, recorte de cascos y herrado, manejo adecuado de la dieta y vacunación. También existen controles completos realizados mediante métodos y técnicas, que tienen como objetivo determinar el estado de salud del caballo. Este largo examen, se denomina propedéutica y consta de diversas partes: anamnesis, examen físico, humectación, recreaciones, integridad, tiempo de llenado capilar, anillo tóxico, sonidos intestinales, temperatura y embrocado.

La desparasitación, tanto tóxica como interna, resulta básica dentro de la vida de un animal doméstico. Se inicia con la hembra y se continúa con la yegua preñada, la parida y el potrillo a partir de los veinticinco y treinta días de nacido. Para al fin por lo general se emplean combinaciones de bencimidazoles con algún organofosforado vía oral, combinaciones de estos con pirantel en forma de pasto, vía bucal, o bien derivados de la avermectina, vía oral. La desparacitación debe ser repetida después de noventa días o de sesenta días en caso de tratarse de potrillos al pie de la madre.

Los parásitos externos deben controlarse por medio de baños medicados, cepillado periódico y a través de la aplicación de insecticidas en las instalaciones.

Ambas desparacitaciones deben ser realizadas en forma regular, más aun cuando el caballo debe reducirse a un área limitada de pastoreo, donde los parásitos del propio animal suelen reproducirse fácilmente. De esta manera se puede llevar a cabo el control de la población de parásitos en el organismo del caballo, disminuyendo así el riesgo de problemas digestivos y de condición corporal pobre. No es recomendable disminuir la carga parasitaria a cero, pues esto evita que el caballo produzca defensas contra los parásitos, haciéndolo más susceptible a próximas infecciones.

El cuidado dental es vital y debe ser realizado por el veterinario mediante una revisión periódica.

El desgaste de los dientes en los caballos no se da en forma regular y esto provoca la formación de odontofitos en los molares superiores e inferiores. Los superiores desarrollan odontofitos en su cara exterior y los inferiores en su cara interior. Los odontofitos se caracterizan por tener bordes irregulares y cortantes que pueden llegar a lacerar la mucosa de la lengua y los carrillos. Para evitar problemas secundarios a su aparición, hay que limarlos de manera periódica y regular, cada seis meses aproximadamente. El limado de odontofitos se lleva a cabo con unas limas de tungsteno, diseñadas especialmente para ello. Cuando se realiza, el animal debe estar bien sujeto y de ser necesario tendrá que ser tranquilizado para poner en riesgo la vida del médico veterinario.

La vacunación equina se realiza para mejorar la expectativa de vida del animal, y debe hacerse en forma periódica. Aquellos ejemplares que son transportados frecuentemente a concursos u otros eventos, deben ser vacunados de manera más regular. Cabe destacar que los caballos, por lo general, reciben vacunas comunes y otras propias según categoría.

Enfermedades:

Según las diferencias de cada raza y de cada individuo en particular, existen actitudes y temperamentos variables, pero hay señales o signos que el caballo da a conocer cuando se siente mal, incómodo o con dolor. Las enfermedades y los problemas más comunes ocurren hasta en los mejores sitios donde puede vivir un equino.

A lo largo de la vida del equino hay enfermedades que según la edad en la que se encuentra. Durante los primeros años de vida, el potro está particularmente predispuesto a las enfermedades óseas, ya que los huesos de las extremidades son largos y se desarrollan con gran rapidez provocando que sean más vulnerables a los trastornos de crecimiento, producidos por desequilibrios nutricionales, infecciones y por alteraciones propias de la crianza, como ser la sobrealimentación y la falta de ejercicio. Otra de las causas de que dichos trastornos sean más predispuestos en algunos animales, es la herencia genética.

Los problemas óseos más representativos de la vida del potro son: las contracturas de los miembros anteriores, las curvaturas de las patas y la epifisitis. Esta última suele producirse cuando la placa de crecimiento, situada al extremo de los huesos largos, se cierra, provocando hinchazones firmes y dolorosas que aparecen sobre la zona.

La hipolapsia cerebelosa es una enfermedad que afecta a ciertas razas en particular, durante los primeros años de vida. Es, probablemente, hereditaria y sus síntomas son el cabeceo y la falta de coordinación de los miembros que aumenta con el paso del tiempo. Los potros son también susceptibles a las enfermedades pulmonares como la neumonía y las infecciones de dicho órgano.

Durante todo el ciclo de vida existen diversas enfermedades que pueden afectar al equino, algunas más comunes que otras. En general, los caballos están menos predispuestos a las enfermedades urinarias que otros animales. En cambio los problemas de sensibilidad originados por las lesiones en los nervios, son más frecuentes. Las afecciones que se ven son la parálisis facial o radical con dificultad para el avance del miembro, parálisis supraescapular, hemiplejia laríngea, enfermedad del tambaleo o temblor.

Con respecto a las enfermedades del corazón, es importante aclarar que los caballos no suelen sufrir ataques cardíacos de la misma forma que los humanos y que es la más frecuente de las alteraciones cardiovasculares equinas es la rotura de una arteria. También pueden percibirse arritmias cardíacas, bloqueos parciales, fibrilación auricular y soplos cardíacos.

Son posibles las enfermedades del aparato respiratorio, tales como la neumonía, la bronquitis, los silbidos y la tos. Esta última puede tener su origen en una gran variedad de virus, infecciones bacterianas o alergias al polvo del moho, heno y paja.

Los problemas oculares y los de la piel, son también parte del conjunto de afecciones que sufre el caballo. El ojo puede llegar a sufrir úlceras por ser un órgano vulnerable a traumatismos y la piel puede sufrir de una inflamación, denominada dermatitis, que puede ser de carácter infeccioso, parasitario o alérgico.

Las enfermedades infecciosas son comunes en la vida de un equino. Son causadas por microorganismos y se las puede clasificar en virales, bacterianas y micóticas, según su origen.

También existen las afecciones parasitarias, pudiendo clasificarse como endoparasitarias, es decir dentro del cuerpo, o ectoparasitarias, sobre la superficie del cuerpo. Dentro del primer grupo, los parásitos más comunes son los gastrointestinales como ser el stronglylus, trichonema, anaplocephale, oxyurus y gasterophilus entre otros, y los respiratorios como el ascaris y el dictyocaulus. Abarcando el grupo de los ectoparasitarios, encontramos a las garrapatas, ubicadas por lo general en las orejas del animal, y las moscas que resultan extremadamente molestas y pueden llegar a causar problemas en la piel.

No son comunes las enfermedades óseas en el caballo adulto. Estos trastornos pueden atribuirse a traumatismos, a infecciones y a deficiencias en la nutrición.

Las lesiones que sufre el hígado, debido a infecciones, toxinas o venenos, pueden alterar sus funciones y provocar la aparición de síntomas de alguna enfermedad. La más común es la hepatitis, producida por una inflamación del hígado.

Los órganos genitales de la yegua y del macho, pueden también sufrir enfermedades. La infertilidad o las enfermedades de la preñez, también son problemas que afectan al organismo del equino.

Entre los males que con mayor frecuencia presentan los caballos, está la cojera. Puede ser causada por una simple piedra en el casco o por una enfermedad. Las afecciones de los tendones son frecuentes, ya sea por golpes o por presión, mientras que la inflamación del menudillo y la artritis, que son causadas por sobrecarga y desgaste, suceden con menos frecuencia. La enfermedad que afecta al hueso navicular del pie, puede causar cojera crónica y es consecuencia de un choque o una sobrecarga.



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